Me tomo el atrevimiento de transcribir esta nota que me encontré en una de las revistas halladas en mi salón de lectura. Pondré solamente las partes mas importante y que denotan, según J. M. Fangio, la manera de manejar de los argentinos.
[…]
Mejor prevenir que …
Verano de 1975. Fangio accede a que vayamos hasta el autódromo. Yo quería contar lo que se siente “a la velocidad de Fangio”. Ya estamos. Mediodía, sol pleno, nadie en la pista. Da una vuelta despacio. ¿Por qué tan lento? “Para asegurarnos de que el circuito está cerrado”. Se detiene y mira de reojo al fotógrafo Carlos Abras, que va atrás. También a mo, a su lado. Silencio largo. Fangio suspira.
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Cuando usted quiera Fangio…
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Hijo, cuando ustedes se ajusten el cinturón.
(Pone primera, pisa el acelerador y allá vamos. El asfalto se empieza a escurrir por debajo de nuestro rumbo: 120… 150… Entramos y salimos de las curvas con naturalidad. Fangio maneja con las dos manos, la cabeza algo inclinada. Le hago un par de preguntas. No me responde. Entrando a una recta me animo a insistir.)
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¿Podría ser más rápido?
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Podría ser.
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Me parece que seguimos a la misma velocidad.
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No se equivoca. Pero vayamos con calma.
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¿A usted acaso no le gusta la velocidad?
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La velocidad tiene su tiempo. Siempre es bueno bajarse del auto. Digo, bajarse uno, sin que a uno lo bajen.
Fangio y Napoleón
Faltan dos meses para que cumpla sus 80 años de edad. Esta vez el reportaje será mientras circulamos por el alucinante infierno de la Capital Federal.
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Usted estará enterado, Fangio: los argentinos somos los campeones mundiales en accidentes de tránsito.
- …
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Le comentaba, sobre ese terrible récord que ostentamos…
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…
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(Ante su tenaz silencio, enmudezco. Como a los dos-tres minutos salimos de la zona. Sin mirarme, me dice:)
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Je, usted pensará que aparte de viejo soy sordo. Sabe, hijo, cerrando mi boca le di mi primer consejo para manejar. Hay momentos en los que el conductor necesita concentración máxima. Si no, viene el macanazo. No se pueden hacer dos cosas a la vez.
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Dicen que Napoleón hacía tres o cuatro.
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Napoleón nunca manejó en Buenos Aires.
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Pero hacía cosas de alto riesgo. Y simultáneamente.
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Hijo, de un petiso se puede esperar cualquier cosa. Pero por más petiso y Napoleón que fuera, tengo mis dudas de que, puesto a conducir un auto aquí, también se dedicara a charlar en momentos complicados. Pasa que cuando los conductores manejan, no sólo hablan, sino que se tientan y miran al que va al lado, o atrás. Suficiente. Una décima basta para mandarse una macana o para no evitar la macana que se mandó otro distraído.
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Difícil no hablar.
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Cuando se maneja, se maneja… Usted me trajo a Napoleón. Bueno, Napoleón le decía a su criado: “Vísteme despacio que estoy apurado”. Esta frase viene como anillo al dedo para los conductores de ciudad o de ruta: poco acelerador si hay mucho apuro.
(Fangio calla, Sus silencios enseñan. Al detenernos en el próximo semáforo, reanudo el diálogo:)
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¿Usted siempre anda tan despacio como ahora?
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Ni despacio ni rápido. Fíjese: ando como se puede. Pero no se engañe; ando menos despacio que lo que a usted le parece. Para medir la velocidad en la ciudad no hay que fijarse en el velocímetro. Observe en las próximas cuadras: yo andaré más despacio que casi todos los otros autos cercanos. No pasaré los 50 kilómetros, pero al final de la avenida verá que seguimos a la par de más rápido.
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¿Como se explica eso?
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Sencillo, hijo: yo acelero bastante menos, pero también freno bastante menos. Mire usted: en la próxima luz

J.M.Fangio
verde varios saldrán como si partieran en Monza. Ganarán cincuenta metros en cien. Pero toda la ventaja la perderán en el próximo semáforo. Un trastorno al cuete: para hacer el mismo promedio la mayoría mortifica caja, frenos, embrague. Y gastan más nafta y hacen más ruido y se estropean los nervios. Suman puntos sólo para dos campeonatos.
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¿A qué campeonatos se refiere?
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En el próximo semáforo le digo…
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… Fangio, llegamos al semáforo. ¿Para qué campeonatos suman puntos los apurados?
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No sé como llamarlos… Sólo sé que los trofeos los entregan o en los talleres de chapa y pintura o en los hospitales.
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Por lo tanto, lo mejor y más económico es andar despacio.
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Ojo, el exceso de lentitud también es un riesgo. Cuidado con convertirnos en un estorbo en la calle, o en la vida.
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La radio en un auto, ¿es peligrosa?
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Menos peligrosa que conversar mirando al acompañante. A la radio no hay que contestarle.
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Usted anduvo más de medio mundo: ¿realmente los argentinos manejamos tan mal?
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¡Al contrario!, Los argentinos manejamos muy bien.
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¿Y por qué lideramos la tabla de tragedias?
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Por que se puede manejar muy bien, pero conducir muy mal. Detengámonos y observemos: las cosas que se hacen manejando son extraordinarias, Zigzagueo, frenadas al milímetro. Qué dudas caben: somos habilísimos manejando. Nos sobra pericia. Lo triste es que también nos sobra irresponsabilidad a la hora de cumplir las normas. Ahí los tiene: muy pocos respetan su línea; se pasan vehículos igualmente por derecha que por izquiera; el guiño de giro se lo pone cuando ya se empezó a girar. Y mire las líneas amarillas: están casi borradas por que se anda sobre ellas. Un ejemplo bien claro lo tiene en esta avenida Libertador. Se supone que quienes desean circular a mayor velocidad deben tirarse por la izquierda, pero no pasa eso: si usted quiere ir más rápido elija siempre el carril más lento, el de la derecha. ¿No me cree?. Ya verá
(Fangio calla. Busca el carril extremo de la derecha, y sí, avanzamos con más fluidez. Semáforo. Retoma Fangio:)
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Muchos creen que saber manejar es saber volantear. Saber manejar es mucho más; es saber frenar. Frenar: hijo, es todo un arte.
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¿En qué consiste?
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En no acelerar demasiado para tener que frenar mucho menos. Frenar no significa hundir el pie en el pedal. Eso, muchas veces, puede ser peor. Por ejemplo, cuando llueve no hay que frenar en eso. Conviene saber: se frena no solo con el freno. A veces, con un oportuno rebaje, pasando de cuarta a tercera,, o de tercera segunda. Y se frena siempre economizando el acelerador.
[…] Resumo algo por aquí […]
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¿Que piensa usted de los cinturones de seguridad?
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En la ruta son imprescindibles; en la ciudad uno se resiste, pero… Pasará lo mismo que con los cascos. En las competencias, hasta 1952 usábamos casco de tela. Al que usaba cascos de los otros le deciamos maricón. Por años yo usé mi boina vasca. Pero gracias al casco reglamentario no me maté en Monza.
[…]
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¿Cuando no hay que manejar?
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Cuando se ha bebido demasiado, cuando se tienen angustias económicas, cuando se está con problemas sentimentales bravos, esas cosas que … en fin.
[…]
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¿Se podría definir al argentino por su manera de manejar?
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Lo dicho: el argentino maneja muy bien pero conduce muy mal. Padecemos de mala educación y de mala voluntad. En todo caso, hijo, dime cómo conduces tu auto y te diré cómo eres.
[…]
… y encuentro que el único adorno explícito es una pesada tortuga de bronce. Joder con la paradoja.
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Justamente usted, cinco veces campeón mundial, con una tortuga…
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Simpatizo con ellas. Dígame, ¿usted vió alguna vez una tortuga agitada?
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Nunca
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¿Y vió una tortuga que se rompiera una pierna?
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No, no ví
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¿Vió alguna que se llevara algo por delante
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No, tampoco
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Por todo eso simpatizo con las tortugas. Por que siempre llegan. No tienen accidentes, como los humanos. Bueno, y por que tienen la buena costumbre de vivir muchos años.
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¿Usted quiere vivir muchos años, Fangio?
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Y, ya que estamos… Pero eso sí, sin estorbar el tránsito.
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Le gusta vivir, se ve.
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Si es trabajando, sí
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Dicen que vivir es el arte más dificil de aprender.
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Así parece: es más dificil vivir que correr.
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¿Por que lo dice?
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Las carreras duran un par de horas, hijo, pero la vida dura toda la vida



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